Miércoles 13 de junio de 2012
Giovana Alfonso Villanueva
Como cada tercer domingo de junio de cada año, se celebra el Día del Padre. Un día de festejo, con calles llenas de familias sonrientes, compartiendo un momento de felicidad.
Ese padre adquiere una responsabilidad en el instante que escucha: “tu bebé viene en camino”. Esto se consolida en el momento que ve a su hijo en sus brazos, necesitando de su protección. Es en ese santiamén, sin guía ni manual de cómo ser padres, ya sabe que quiere lo mejor para su hijo. Claro ejemplo es la lucha que realizan los padres día con día para educar a ese ser que ahora es parte fundamental de su vida.
Uno de ellos es el padre comerciante que vemos en las calles horas y horas ofreciéndonos un producto accesible a nosotros, al cual no le importa si hay mucho sol o si está lloviendo. Sabe que ese día lo vale porque llegará a casa, y olvidará el trajín del día con solo mirar a su hijo alimentado, vestido y saludable. Padre es, también, aquel que nos brinda un servicio; que por un sol nos promete dejar nuestros zapatos limpios; de sol en sol, saca a su familia adelante; de sol en sol, promete un buen futuro a su hijo; de sol en sol, nos da el orgullo de ser papá.
Y cómo olvidar aquel padre que nos hace reír en las calles, con sus bromas, con sus chistes, el padre cómico, que no te pide nada solo tu humilde voluntad. Cómo ponerle precio a esa risa que brota de tus labios cada vez que dice o hace algo, te has imaginado cómo hace reír a su hijo; suertudo de tener tal padre.
No importa la ganancia del día, en el Día del Padre. Todos son ricos, porque todos expresan felicidad, ya que todo hijo recuerda lo que su padre hace, y ese día, sabe que el mejor regalo que le puede dar es su compañía llena de risa.

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